[Escuchando: Ana - Ismael Serrano - Es tan corta la vida... y son tantas despedidas llenas de promesas vanas... ¿Qué será de nosotros cuando caigamos y otros ocupen nuestro lugar]
Mis dias siguen siendo terribles y grises y cada dia, a veces entre sonrisas falsas, pierdo un poco más la esperanza de encontrarle por fin sentido a mi vida. Ayer iba a buscar el autobus por la tarde, despues de ver a mis ex compañeros de facultad, iba con el mp3 puesto, a toda hostia el volumen, fumandome un cigarrillo cuando empezaron los primeros rasgueos de guitarra en los cascos y retumbaron en mis oidos. Una sola frase que consiguió estremecerme... "Madrid deshabitado como mi colchón...". No era Madrid, era Oviedo, no era mi ciudad, iba por la calle entre la gente, con la lluvia besando el suelo y me sentia incomoda. Nunca logro acostumbrarme a venir casi a diario. Y los rasgueos seguian y la voz de Ismael me taladraba la cabeza una y otra vez, y me apetecia llorar, porque se me humedecieron los ojos en contra de mi voluntad. Y ahora, en el aula de informatica de la facultad me siento invisible. Está llena de gente pero me siento nadie, solamente una cosa insignifacante que no encuentra su lugar y que no sabe porqué está aqui. El otro dia vi la pelicula de Princesas, de Fernando León de Aranoa. Es preciosa. Y como se dice en la pelicula, una frase que se me ha quedado grabada: "Alguien dijo alguna vez que existimos porque hay alguien que piensa en nosotros". Y es por eso que no entiendo que es lo que hago aquí... Existimos... ¿Para qué?. Todavia no me queda claro. Tengo la ventana del aula solamente con alzar un poco la vista. La gente va por la calle con la cabeza bien alta, pasando de todo lo que ocurre al rededor. En el parque hay hombres durmiendo en los bancos, con cartones y tapados con papel de periodico, y en ocasiones con un cartón de vino perronero, de ese que cuesta menos de un euro, a los pies de su banco. Y la gente pasa a su lado y no se atreven a mirar. Algunos, como muestra de buena voluntad, llama a la policia para que le echen de allí "no sea que tenga jeringuillas o algo, que aquí juegan niños". A veces me apetece coger a esas personas, zarandearlas y escupirles... decirles a gritos "¿como va a tener jeringuillas o drogas si no tiene una mierda de dinero?". La gente se cree muy importante, con sus zapatos de tacón, sus abrigos largos y caros, sus bolsos de Versace y su peinado de peluqueria. Solamente se preocupa por aparentar delante de la gente, mientras que cuando llegan a sus casas se sienten solos, se ponen un pijama viejo, unas zapatillas rotas, y el fregadero lleno de platos sucios... claro, ahi no les puede ver nadie. Por eso a veces me gustaria ser un vagabundo, no tener nada más que lo que llevo dentro. Nada de cosas caras, nada de caprichos. Solamente yo, mi cabeza y mis sentimientos.




